Como posibilidades de destinos y no futuros, de acuerdo a lo bailado y a lo pretendido, pintaban:
Una visceral, otra intelectual
Una constructora de cultura, otra destructora
Una folclórica, otra neurótica
Una campestre, otra panqui
Una oral, otra literaria
Una aficionada, otra de capacitación rigurosa
Una cooperativa, otra de autodefensa

De aplicación inmediata era cualquiera, pero las unas implicarían renuncias y rupturas frontales con las otras, arrancando de cero, mientras que las otras serían seguir en las mismas. Lo otro era una transición llevadera de esas otras a las unas.

Pero también por qué eso de que tengan que desaparecer éstas en pro de aquéllas, si también tienen su onda y generan verdades tan simpáticas…  Si ya cariño le hemos agarrado no es porque llevemos tiempo ahí y nos hayamos acostumbrado, sino porque, con todo y vicios y grosería… Que no sea tan místicas y tan cósmicas no les quitan. Ordinarias y todo, también tienen su gracia.

Así que vamos a seguir con todas, meta desarrollarlas pero sin bipolaridades baratas, eso sí. Para tirárnoslas de interesantes sí no.
 

 
"mientras huelan a gringo y se puedan bailar..."
We Are Sudamerican Rockers

Con Nina Urpi y Subcopetón Cero


Fuimos creciendo, y así mismo aumentaba esa ansia de interacción con la sociedá… Y fue cosa de inventarnos una onda, llegado el punto hay que forjar un estilo.
 
Se habla, hay mucha leyenda sobre esos momentos de definición: picos de suicidio, de tanta gente que no soporta la presión… El final trágico no dejaba de tentarnos, pero estaba como de moda, más bien aguantar y mirar las otras opciones.
 
Por temperamento y trayectoria nos quedaban breves la onda quish y la panqui, que casi siempre terminan siendo de transición individual hacia fases más espirituales, cordiales y cooperativas, agotándose prematuramente por intolerancia a la sucesión de guayabos. Destruir es su pasión.
 
No, pero la gracia es que duren…
 
Por ahí agitaba otra que nada que ver con ira, desencanto y demás variantes urbanas. Buscaba la salud y fraternidá de las almas a través del ejercicio de tareas artísticas. Colores, sonidos y toda suerte de vibraciones del espacio-tiempo serían trabajadas y reinterpretadas.
 
Pasa muchas veces que la bucólica y bien intencionada va sustituyendo a la burletas autodestructiva, tornándose definitiva. Pero por qué tendría que necesariamente apagarla para poder ejercer… Y saltársela tampoco, eso de arrancar de una en modo zen es ya comerse entera toda la luz para después ir expeliendo molestas e involuntarias ventosidades cromáticas en tu bobo caminar… Y al revés menos, eso de debutar en el nirvana para después irse al descenso… ya es fascismo.
 
Ah, la opción de la omisión. Dejar así termina mezclando opciones (lo cual nos cuadra), pero sin control alguno, produciendo la propia ineptitud una caótica secuencia de cuadros que, por lo antagónicos y exóticos puede pegar, pero casi siempre la cosa termina siendo cool, después les dicen y empiezan a picárselas, a dárselas de bipolares y entonces se la creen y se la sobreactuán, y se buscan sobrenombres artísticos y protagonizan insufribles dramas y fábulas. Podíamos, ya con las dos que teníamos, y la onda del error… más fácil tirárnoslas de interesantes. Lo paila era que estaba de moda.
 
Pues ni profesionalización ni especialización nos dan la gana, siempre hemos dicho, o sea que lo que había que hacer era decidirnos por ambas (y después nos dimos cuenta de que había otra que también, pues propendía por una anónima celebridá, algo así como esa sombra que va produciendo una obra clandestina, sin trayectorias ni etapas ni periodos estéticos), comprometiéndonos a desarrollar cada carácter con esmero y que fueran brotando espontáneamente, pero también ir tratando de inducirlos a ver qué. Y que si iban apareciendo otras nuevas también pudieran ir entrando. Entonces irle metiendo a todas, pasito y por parejo, con suavena y arrechera, a la lata y con sabrosura: que la risita burlona, que el cantar folclórico, que la grosería y chabacanería, que el tecito y el porrito, que la ira urbana, que el estrellato, que el vocabulario soez, que la pichanga, que el traguito, que la pulserita y el collarcito, que la canción neurótica, que el canto a la vida, que el foforro repasado, que la semillita, que la ordinariez, que el toque bajo perfil, que una mala ondita a veces, que el estilacho… Irla piloteando.
 
Habrá las que fallen, o se retiren, pero con una que cancione…Y si no igual está el suicidio, que puede perfilarse en cualquier momento en lontananza como otra de las tendencias posibles, no descartada sino aplazada con maña, y que, de ejecutarse, caería lejos del siguiente pico lo cual está lejos de desagradarnos.
 
Nos define el proceso, el experimento, pero también el fracaso, la derrota estrepitosa, el caso perdido, el ningún Pereira, el estancamiento, la falta de, según se vea o no se vea. Nuestra reciente institucionalidá como jurídica entidá está llamada a funcionar igual. Con toda la onda hacia el abismo.    

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