DE LA GUERRA FRÍA


Cuando la temperatura aumenta y se calienta la cosa, se decreta verano y la Guerra Fría se pone de moda, Guerra Fresca, Fresh, Cool Summer War.
Se timbran grandes tirajes de merchandaisins y parafernalias promocionales, además de la difusión de los torneos por las emisoras juveniles.
Gran algarabía se apodera de la población, que celebra poder jugar al destino y acude en masa a los colegios, sede de las competiciones, donde, tomando partido de mentiras por algún bloque, forma facciones para los juegos.
En diferentes modalidades, los dos equipos principales o sus satélites conforman sendos escuadrones para los distintos choques en el field en pro de la supremacía del respectivo bloque. Esta se alcanza sólo con la totalidad del equipo rival tendida sobre el grass. 
No bien se oficializa el resultado, el elenco derrotado resucita y se une a la gritería del vencedor para revolverse ambos con las aficiones, que en total armonía marchan mezcladas al escenario de la próxima justa, entonando alegres cánticos.
Los soles brillan esplendorosos, atómicos y nucleares. 
DE LA GUERRA FRÍA


Cuando la temperatura aumenta y se calienta la cosa, se decreta verano y la Guerra Fría se pone de moda, Guerra Fresca, Fresh, Cool Summer War. Se timbran grandes tirajes de merchandaisins y parafernalias promocionales, además de la difusión de los torneos por las emisoras juveniles. Gran algarabía se apodera de la población, que celebra poder jugar al destino y acude en masa a los colegios, sede de las competiciones, donde, tomando partido de mentiras por algún bloque, forma facciones para los juegos. En diferentes modalidades, los dos equipos principales o sus satélites conforman sendos escuadrones para los distintos choques en el field en pro de la supremacía del respectivo bloque. Esta se alcanza sólo con la totalidad del equipo rival tendida sobre el grass.  No bien se oficializa el resultado, el elenco derrotado resucita y se une a la gritería del vencedor para revolverse ambos con las aficiones, que en total armonía marchan mezcladas al escenario de la próxima justa, entonando alegres cánticos. Los soles brillan esplendorosos, atómicos y nucleares. 

Como la risa, el llanto también cuenta con su musculatura. Si no la mueves, después no sale.

No es que sea cosa pues de andar por ahí entrenando aspavientos, o actuando la emoción periódicamente. Más bien es dejar de resistirse al llamado de las secreciones, que suele manifestarse con aceptable frecuencia, sólo que esta vida moderna nos ha enseñado a obviarlo.

Entonces, si notas que el habla se craquela, el ojo hace agua y ya el moco presiona, aprovecha. Afloja y entrégate. 

Esos lloros te servirán también para ir ensayando aquellos sonidos y muecas que has soñado y que te irán dando tu sello y estilo para el berreo.
El equipo era muy amater. Ni uniforme teníamos. 

Casi siempre arrancábamos el partido con la totalidad del plantel tarjeteado porque cada quien traía la camiseta que había en su casa. Incluso hubo veces que quedamos en inferioridad numérica sin siquiera haber jugado por no tener claro el rival de la fecha y justo ese día aparecerse alguien con la camiseta del otro equipo.
Se quedaba tanto que parecía retroceder.
Personajes:

-          Equis (neutral)
-          Ye (She o che; austral)
-          Zeta (peninsular)

Argumento:

Siendo conocida solamente la historia del encuentro final entre ye y zeta, es equis quien inventa (pero documenta) las historias relativas a los enfrentamientos previos, gracias a su conocimiento y trato familiar con las partes.


Versiones porteñas y peninsulares desvían ataques y defensas de una a otra facción, según sus particulares éticas de juego. Desenlaces diversos de cada episodio también hay, pero sinnúmero de versiones –como la presente– los omitirán por variados motivos. La de equis lo hace por considerar irrelevante los resultados parciales (y aún el final, al cual no ha conseguido, pese a sus esfuerzos, sustraerse). 

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